¿Te arriesgarías a amar?

¿Cómo curar un corazón roto? ¿Cómo salir de la tristeza sin sumirse en ella nuevamente?  ¿Cómo olvidar algo que duele? ¿Cómo, cómo, cómo?

En mi vida muchas veces me había preguntado esto, y solo había intentado buscar la respuesta a todas estas preguntas en muchos lugares o incluso en mí. Creía que por solo congregarme en la iglesia e incluso servir dentro de ella todo estaba bien, que no tenía una vida perfecta pero sí muy buena y que por decir ‘yo amo a Dios’ estaba muy cerca de Él.

En mí pude ver que a veces deben pasar situaciones que te despiertan de esos sueños profundos, que te sacan de algo que crees verdadero y no lo es. Hay tristezas que te enfrentan a la realidad y que prueban cuál es tu verdadero sustento, Cristo o las demás cosas, prueban de qué estás hecho y si estás dispuesto a seguir adelante.

Cuando desperté me di cuenta que por mucho tiempo estuve enamorada.  Enamorada de mi vida, regalos que vinieron con ella, enamorada de los momentos buenos, de la buena vida económica, etc., pero ignoraba al que me dio todos esos regalos. Por esto, lo que no supe, o no quise aceptar como la mayoría, es que hay alguien que es la única respuesta a estas preguntas: Jesús, mi eterno enamorado.

‘’Yo dormía pero mi corazón velaba. Es la voz de mi amado que llama: Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía…’

Descubrí que Él siempre está golpeando a tu vida incesantemente, que te sacude para despertarte de tu ‘’realidad’’, que aunque nosotros nos cansamos de golpear puertas que no se abren Él es un eterno enamorado que sigue llamando siempre así no encuentre respuesta. Entendí que cómo podía llorar por algo que se fue de mi vida y no llorar y clamar porque mi enamorado, Jesús, no saliera de ella. Muchas cosas se pueden ir, personas, cosas, oportunidades pero sin Jesús no hay nada.

Te digo algo:

¡Enamórate de lo eterno, de lo real, enamórate de Cristo del que te ha dado todo, enamórate de tu eterno enamorado! ¡Ábrele la puerta! ¡No tengas miedo de enamorarte de Él, es lo único seguro en tu vida! Él cura los corazones rotos, nos saca de las tristezas  más profundas, quita el dolor y la ansiedad, y ¿adivina qué? Las convierte en un mayor y nuevo amor por Él.

Las mayores tristezas Él las convierte en las mayores alegrías, y Él nunca se equivoca.

Personalmente, he descubierto que mi Dios es un Dios arriesgado. Arriesgado para amar, por eso dio a su hijo. ¡Se arriesgó a cumplir su propósito usándome a mí! ¿Qué más arriesgado puede ser que eso? Se arriesgó a amar sin ser amado, y aunque en muchas vidas no han respondido a su llamado sigue arriesgándose a hacerlo.

¿Te arriesgarías a amar a Cristo? Con Él te arriesgarías a amar siendo siempre amado.

Angie Ramírez
Estudiante de Comunicación Audiovisual.
Líder de Taller de Fe y Productora del Centro Cristiano Empresarial Fe en Acción.

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