Salud Mental: ¡Seamos Ciudadanos que vencen la locura!

¡Hay temas acerca de los cuales hemos preferido no hablar!, temas que decidimos estigmatizar y aún discriminar por el impacto que tienen en los escenarios en los cuáles se hable de ellos.

Para nadie es fácil reconocer que, en su día a día batalla con la depresión, la ansiedad, la angustia, el temor, ideas suicidas, adicciones, fobias, insomnio, obsesiones o delirios. El solo concebir la idea que estas situaciones de salud tan cercanas, pero a la vez tan lejanas, hacen parte de la cotidianidad.

El solo hecho de leer acerca de estas situaciones en un espacio como éste genera intimidación, al punto de preferir negarlas antes que aceptar que vienen siendo parte de una realidad que refleja a pasos agigantados como progresivamente la salud mental ha empezado a deteriorarse, una realidad que define a muchos de los ciudadanos de las grandes capitales, ¡Vivimos en ciudades cuyos habitantes han empezado a perder la cordura!.

La salud mental ha sido definida por la Organización Mundial de la Salud como:

el “estado de bienestar por medio del cual los individuos reconocen sus habilidades, son capaces de hacer frente al estrés normal de la vida, trabajar de forma productiva y fructífera, y contribuir a sus comunidades”, se le ha llegado a considerar “el fundamento para el bienestar y el funcionamiento efectivo de un individuo y de una comunidad”.

A la luz de esta definición parece imposible concebir ciudades o individuos sanos sin salud mental, pero, ¿cómo tener individuos sanos mentalmente en medio de ciudades en las que existen miles de detonantes del estrés: tráfico, inseguridad, violencia intrafamiliar, conflicto armado, desempleo, pobreza, disfuncionalidad familiar, bullyng, matoneo, divorcios, entre otras?, en medio de estos contextos hostiles que representan las capitales ¿cuál es la realidad de la firmeza de este fundamento en nuestros adolescentes, jóvenes, hombres y mujeres?

Cuando la salud mental empieza a flaquear, puede hacerlo con sencillos síntomas como sentirse triste, llorar o asustarse con facilidad, no dormir bien, tener dificultad para disfrutar sus actividades cotidianas, para tomar decisiones, para hacer su trabajo, no sentir deseos de comer, sentirse inútil, tendencia a aislarse, no poder concentrarse o estar irritable. Este tipo de síntomas se comportan como ¡Alarmas! que nos advierten que podemos estar cerca al desarrollo de problemas mentales que, de no tratarse, pueden conducir a trastornos, y al respecto, ¡las cifras son alarmantes!

Se estima que cerca del 20% de los niños y adolescentes del mundo tienen trastornos o problemas mentales y la mayoría de estos se manifiestan antes de los 14 años; cerca de 450 millones de personas en el mundo sufren de estos, especialmente de depresión (300 millones), trastornos de ansiedad (260 millones), esquizofrenia, epilepsia, consumo problemático de alcohol y otras sustancias psicoactivas, Alzheimer y otras demencias, trastornos por estrés postraumático, trastorno obsesivo compulsivo, trastorno de pánico e insomnio primario; y se estima que para el 2020 la carga de enfermedad mundial atribuible a trastornos mentales superará a las enfermedades cardiovasculares.

En Colombia para el 2015, cerca del 80% de los ciudadanos habían presentado entre uno y tres síntomas de depresión, Bogotá resultó ser la ciudad que posee la mayor frecuencia de síntomas mentales en el rango poblacional de los 18 a los 48 años, incluyendo síntomas de depresión, ansiedad y psicosis; se afectaron principalmente niños, adolescentes y adultos jóvenes asociándose a pérdidas de productividad académica y económica; y las tasas de intento suicida aumentaron progresivamente en todos los grupos de edad pasando de 0.9 a 36,08 casos por cada 100.000 habitantes, llegando en el 2017 a 52.4 casos por cada 100.00 habitantes.

¡Vivimos en ciudades cuyos habitantes han empezado a perder la cordura! Un individuo sano mentalmente necesariamente es aquel que posee innumerables herramientas mentales y emocionales que en el día a día le ayudan a sobreponerse a las circunstancias estresoras de la vida. Sin embargo, encontrarnos con cifras como las que acabamos de describir, debe necesariamente hacernos pensar en que las habilidades humanas de sobreponerse al estrés de la vida, están empezando a colapsar.

¿Dejamos de ser capaces? ¿Nos convertimos en una raza débil? ¿Sucumbimos al cansancio de seguir luchando? Estas y más preguntas podríamos hacernos para hallar una solución, sin embargo, hay una realidad que no podemos esconder, y es que las circunstancias difíciles y el estrés, siempre harán parte de nuestro día a día. Y entonces, ¿cómo vivir una vida, llena de condiciones estresoras, sin enloquecer? O ¿Cómo hacerlo en medio de nuestras capitales, magnificadoras de estas circunstancias?

La gran queja es que no existen profesionales de salud especialistas para atender ésta avalancha de pacientes con problemas mentales, pero más allá de ver la capacidad de otros hombres para extendernos la mano y ayudarnos a vencer, que sin duda es importante; vale la pena saber que ya hubo alguien que conociendo que la vida estaría llena de miles de preocupaciones nos dijo, anticipadamente, “En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo”.

Nos preguntamos ¿cómo vencer en medio de las aflicciones cotidianas sin enloquecer?, he aquí la respuesta, Él ya lo vivió y lo mejor ya las venció y aún mucho mejor, ¡sin enloquecer!, Jesús fue ciudadano de capitales estresantes como las de nuestros días, y logró, pese a todas las presiones, desplegar sus habilidades, sus capacidades de hacer frente al estrés normal de su vida, trabajar de forma productiva, fructífera, y contribuir a su comunidad, ¡Él tuvo salud mental! ¡Él fue el ciudadano que venció la posibilidad citadina de la locura! y en medio de este siglo, ante esta realidad cercana de una pobre y cada vez más deteriorada salud mental, se abre ante nuestros ojos su maravillosa invitación “¡Anímense, yo he vencido al mundo!” … pongamos entonces nuestros ojos en Él, más que en las estresantes circunstancias que nos rodean, y aprendiendo de quien ya venció, Jesús, seamos también ¡Ciudadanos que vencen la posibilidad citadina y cotidiana de la locura”, hagamos de la locura una posibilidad y de Jesús la realidad en nuestra vida para vencerla!

 

Maria Claudia Barrera Céspedes
(Microbiologa Industrial, Medico General Residente de la Especialización en Terapéuticas Alternativas y Farmacología General. Fundación Universitaria Juan N. Corpas

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