Prudencia no es igual a temor

Hace años había un hombre muy rico, pero insensato, llamado Nabal, el cual tenía una esposa que era una mujer prudente.

Cierto día, un grupo de hombres se le acercó a Nabal a desearle  paz y prosperidad, y además a pedirle que compartiera sus provisiones con ellos y con el hombre que durante años había dirigido el ejercito que cuidaba sus propiedades  llamado David,  el cual  había sido  bondadoso con él.

Este hombre manifestó despectivamente y con insultos su negativa ante tal solicitud y llamó aquellas personas grupo de bandidos.

Esta respuesta fue dada  a David, quien se enojó en gran manera y determinó matar a ese hombre malvado y a toda su casa.

Sin embargo, la situación fue contaba a la esposa de Nabal, quien no sintió temor, pero si evaluó la situación, discernió las consecuencias del actuar de su cónyuge y decidió actuar de una manera acertada.  La mujer fue corriendo en busca de David y asumiendo la culpa de esposo, pidió perdón por el grave error que  cometió su marido y además  le llevó un gran regalo  de comida, dentro del cual estaba panes, ovejas, trigo y uvas.  Pero eso no fue todo, esta mujer le dio una palabra profética a David,  que sería el rey de Israel y que Dios lo bendeciría.

La sensatez de esta mujer, consistente en tener un comportamiento adecuado, producto del uso del discernimiento, análisis de la situación y observancia de la voluntad de Dios, hizo que le perdonaran la vida a su esposo y a su familia, lo cual nos hace concluir que el actuar con prudencia no siempre es producto del temor.

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