¡No te distraigas!

Muchas veces, por el afán de «hacer nuestra tarea» de la mejor manera, podemos llegar a perder el objetivo y nos dejamos distraer por las pequeñas cosas… o por aquellas que no son tan importantes.

No perdamos el enfoque. El enfoque de nuestro ministerio es sencillo: Dios y la gente. Pasión por Dios y compasión por la gente. Si tenemos claro esto en todo momento, no fallaremos.

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