Mi carta de renuncia al Cuerpo de Bomberos

De los mayores privilegios que Dios me ha dado en la iglesia es servir a través de la consejería profesional. Retomando mis experiencias de los últimos 8 años, en el ejercicio como psicóloga, concluyo una síntesis cruda: no tuvimos formación emocional. Encontré que hasta hoy me he dedicado a apagar incendios en la vida de miles de personas. Aún no sé cuantos fallecidos, cuantos desfigurados por el fuego, o cuántos de ellos han sufrido amputaciones… Solo sé que cumplí al llamado e hice mi trabajo, pero no sé qué sucedió después.

Levanten la mano aquellos de ustedes que un día llegaron al colegio y su maestro les dijo: “Buenos días niños. Hoy vamos a aprender cómo se es un buen amigo, o cómo se pelea limpiamente en una conversación, o cómo te puedes llevar bien con alguien que no piensa como tu, o como superas el temor a enfrentarte a algo que jamás has hecho y de lo que no te sientes capaz”. Todo esto podría ser parte de la clase de ética, de dirección de grupo, pero lo cierto es que éstos temas sólo se trabajan en el momento de apagar un incendio, cuando hay heridos de por medio.

Embarazada.jpgEn concordancia con esta conclusión, encontré algunos estudios del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) y algo del Ministerio de Educación Nacional que, en resumen, entrega los siguientes resultados: Los bachilleres están saliendo muy jovencitos del colegio (15-16 años) y sin una idea clara de lo que desean hacer. Además, se gradúan sin habilidades socioemocionales para afrontar la vida, lo que les impide, desde escoger correctamente su vocación profesional, hasta postularse efectivamente a una entrevista laboral o trabajar armoniosa y coordinadamente en un equipo. Y ni hablar de los índices de desescolarización y embarazo temprano, pareciendo estas problemáticas una “adolescencia” más y no una posible causa que detiene el avance de un país lleno de recursos y múltiples posibilidades, a través de su gente.

Hace unos días, en conversaciones con Sandra Cortés, quien ha conocido de cerca el sector educativo del país, me brindó una conclusión sobre las pasadas pruebas Pisa diciendo: “Considero que uno de los principales problemas es que los niños no se sienten emocionalmente capaces de responder acertadamente una pregunta, aún antes de iniciar las pruebas”… ¡Blanco es…! Sin embargo, en casos como éste no me llena de orgullo tener, en parte, la razón.

Aún con estos antecedentes, pareciera que la educación y la formación emocional no es objeto de interés para el Estado y mucho menos de la empresa privada, entonces ¿Qué vamos a hacer?

Las emociones son respuestas químicas y neuronales que desencadenan respuestas automáticas, y además forman patrones distintivos de conducta, dicho en otras palabras, es cuando una mamá dice de su hijo: ahhh mírelo! Volviéndose loco! Salió con ese genio igualito al papá!

Estas son algunas de las frases que sin la formación emocional correcta o “el manejo adecuado del fuego”, se convierten, silenciosamente, en un incendio abrazador que a veces ni el bombero logra controlar a tiempo, sino que se apaga cuando las llamas han extinguido todo lo que había adentro.

Tal como un día explicaba el Pastor Alfredo Barrios en una de sus conferencias en la iglesia, las emociones se relacionan con movimiento, generando acciones. Además, la definición de Don Colbert en su libro “Emociones que Matan” complementa lo anterior diciendo: “las emociones tóxicas son combustible”. Increíble ¿o no?. Las emociones mueven el mundo. Y no es mejor ni más sabio aquel que no las muestra, sino aquel que las reconoce de manera particular en su vida y las sabe administrar.

¡Yo me cansé! Renuncio a apagar incendios. En lugar de ello quiero aprender a darle un buen uso al fuego que hace parte de nuestras emociones y enseñar a otros a hacerlo. El fuego hace una comida más sabrosa, un hogar más confortable e incluso un espacio más romántico.

Prueba Enlace 2012Los resultados de las pruebas Pisa afirman que tenemos el puesto número 62 entre 65 países participantes Eso pareciera ser lo más humillante, pero algo más debe captar nuestra atención: “los jóvenes latinoamericanos solo podrían resolver problemas muy simples en situaciones conocidas, utilizando el ensayo y el error para elegir la mejor alternativa de un grupo de opciones predeterminadas”.

No podemos resignarnos a este panorama aunque haga parte de la realidad, y menos cuando tenemos a Cristo como el mejor alumno del Padre y, a su vez, el mejor maestro de todos. Él un día me buscó a mí y a ti para entrenarnos en aquello que llamamos vida, un entrenamiento en donde la emociones hacen parte de lo que somos, pero no son lo que determinan el fruto de nuestras vidas. Cristo nos sacó de la mera existencia a una vida con propósitos altos, donde el fuego se administra, aún cuando el viento que lo enciende, sople muy fuerte.

Eres entrenado para entrenar, mentoreado para mentorear a otros. Y ¿qué crees?, en primer lugar tu familia, y luego aquellas personas que de repente se aglomeran a tu alrededor en busca de una solución, te están viendo como un ejemplo, una alternativa. Y a veces para algunos, tu y la manera como vives, son su única respuesta.

Cristo no vino a escribir Best Sellers ni tampoco a conceder entrevistas, fue en todo tiempo un mentor que acompañó a cada uno de sus amigos, les enseñó todo a través de su vida fascinante y ejemplar. Respuestas como aquella que le dio a los fariseos cuando le preguntaron “¿qué hacer con la mujer sorprendida en adulterio?”. Y él respondió: “Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra”, son las que hacen de Cristo el mejor formador emocional en toda la historia, por eso muchos de nosotros seremos más efectivos y competitivos en nuestra vida relacional cuando lo imitemos a él ¡en todo!.

María Angélica Ramírez – Psicóloga Mediadora
Salmista del Ministerio de Alabanza

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