¡Mamá, me quiero disfrazar!

Imagen: mediaphotos/Getty Images

Esta es la frase que con tanto entusiasmo escuchamos de parte de nuestros hijos para esta temporada de Halloween, ya que el comercio y la moda están diseñados para influenciar y atraer a nuestros hijos.

Pero, como familias que amamos y servimos a Dios, frente a esta fiesta ¿sabemos lo que Dios piensa?

Halloween es una celebración en la que los que decidimos creer en Jesús no debemos participar porque sus orígenes no vienen de Dios. Si vemos cómo nace esta fiesta, descubrimos que dista mucho de lo que nos enseña la Palabra de Dios.

Halloween es una fiesta que se celebra la noche del 31 de octubre, víspera del Día de Todos los Santos, y tiene sus raíces en un antiguo festival celta. El motivo del festejo era honrar a Samhaim, el señor de la muerte y se celebraba al finalizar la temporada de cosechas en Irlanda para dar comienzo al “año nuevo celta”, coincidiendo con el solsticio de otoño. Durante esa noche se creía que los espíritus de los difuntos caminaban entre los vivos para maldecirlos, se realizaban ceremonias y ritos como la comunicación con los muertos. Además, era habitual poner una vela encendida en las ventanas para que los muertos “encontrasen su camino”. Nosotros no servimos a la muerte, nuestro Dios es un Dios de vivos que nos da una vida abundante.

Los sacerdotes druidas hacían conjuros y sacrificaban niños para satisfacer a los malos espíritus ese día, practicando luego el canibalismo y el incesto. Le llamaron la “noche de brujas” porque pensaban que estas gozaban de mayor vitalidad esa noche, algo que siguen creyendo. Hoy día es una gran fiesta de la Wicca, la religión oficial de la brujería y en la cual se celebran sus mayores rituales, entre ellos el comunicarse con los muertos. La biblia satánica declara que Halloween es uno de los dos días sagrados más importantes. Uno de sus sacerdotes señala que: “es la ocasión en que aún la persona más incrédula puede probar la maldad por una noche… tienen la oportunidad de bailar con el diablo”.

¿Qué nos dice Dios en su Palabra? Deuteronomio 19:10-12, por ejemplo, afirma:

Jamás sacrifiques a tu hijo o a tu hija como una ofrenda quemada. Tampoco permitas que el pueblo practique la adivinación, ni la hechicería, ni que haga interpretación de agüeros, ni se mezcle en brujerías, ni haga conjuros; tampoco permitas que alguien se preste a actuar como médium o vidente, ni que invoque el espíritu de los muertos.

Dios es claro y pide de nosotros una vida exclusiva para amarlo a Él. No debemos imitar ni participar de las costumbres ni involucrar a nuestros hijos. Dios espera nuestra santidad (apartados para Él) en todas las áreas de nuestras vidas. ¡No podemos poner en riesgo la vida de nuestros hijos, tanto la física como la espiritual! Pensamos que tendrán algún trauma por la presión social al no participar o pensamos que poniéndole un disfraz inofensivo no pasará nada, pero el mensaje que le damos a ellos es: “ama a Dios y también al mundo, (sistema anti Dios) no hay problema”. Lo triste es que nos vemos enfrentados a la realidad, en la que no le estamos dando el primer lugar a Dios, sino que tomamos las cosas a nuestra conveniencia.

Conocerás la Verdad y la Verdad te hará libre.

Hoy ya conoces esta verdad, hoy decide a quién servirás, por quién vivirás tú y tu casa. Si no sabes qué hacer ese día con tus hijos una opción es quedarse en casa, ver todos juntos una película, disfrutar de juegos familiares y saber que este día sólo le pertenece a Jesús. A Él amamos y servimos.

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