Devocional 31-12-16

Cuenta una historia que hace mucho existía una maestra de escuela que se enamoró profundamente de un Solado Serbio. Con el tiempo ambos llegaron a comprometerse, pero poco tiempo después explotó la primera guerra mundial y el soldado tuvo que marcharse a combatir al frente de batalla en Grecia. Allí conoció a otra mujer de la cual terminó enamorándose y como consecuencia, tuvo que romper su primer compromiso dejando a la enamorada maestra devastada.

El soldado continuaba su servicio militar y su nueva pareja, al enterarse de lo ocurrido con la anterior relación del su ahora prometido, decidió tomar un candado, escribir los nombres de ambos y ponerlos en el puente donde acostumbraban encontrarse, así habría un símbolo fuertemente asegurado que representaba el amor que se habían profesado.

Esa historia fue propagándose con el tiempo por toda Europa. Hoy en día muchas parejas suelen grabar sus nombres en candados y los ponen en algún puente concurrido. Desde parejas de novios, hasta recién casados y otros más que quieren renovar sus votos de amor. El fenómeno se ha extendido a países como Francia, Alemania, España, Irlanda, Australia, etc. La tradición “Candados de amor”, se ha convertido en el símbolo de amor perpetuo.

Para Jesús, el símbolo de amor perpetuo es la cruz que cargó y donde murió. Ese símbolo representa el final de la separación que había entre Dios y el hombre, ese acto está sellado para siempre con el amor que Él nos tuvo desde la creación del mundo.

No hay duda que cualquiera que mira una cruz, recuerda el sacrificio del Hijo de Dios, su muerte y crucifixión.

Si en algún momento de este año te has visto desamparado o solo, triste o desconsolado, con escases y con frustraciones, con ira o con miedo, etc. mira nuevamente la cruz. Observa nuevamente ese precioso símbolo que representa el gran amor que Dios nos tuvo y que aun sigue latente.

En esa preciosa cruz, Dios grabó tu nombre y el suyo con su propia sangre, para que sepas todo lo ha hecho por ti.

Romanos 5:8 “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

Un año se va, pero llega otro nuevo. Así Dios, en la cruz destruyó al pecado que encerraba al hombre y nos dio una nueva oportunidad.

Apocalipsis 21:5 “…He aquí, yo hago nuevas todas las cosas…” Reina-Valera 1960

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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Devocional Diciembre

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