Devocional 22-04-16

Así como la levadura impregna toda la masa, así el pecado destruye por completo una vida, es el causante de destruir la comunión e intimidad con nuestro Creador, razón por la cual uno ya no tiene deseos de orar, de leer la Biblia ni de ir a la iglesia, desplazando a Dios del primer lugar que sólo a Él le pertenece.

Se endurece tanto el corazón, que uno deja de ser sensible a su voz y a la guía del Espíritu Santo, porque sólo vive satisfaciendo los deseos de la carne que son:  adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas. Pero no debemos olvidar que la Biblia dice que quienes practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Gálatas 5:21 (RVR1960)

A pesar de que todos los días somos propensos a pecar necesitamos recordar que ya no somos las mismas personas y que no podemos seguir viviendo de la misma manera, porque Cristo vive en nosotros y cada vez que cedemos a la tentación, no sólo damos un mal testimonio sino que también contristamos al Espíritu Santo a quien le impedimos obrar libremente en nosotros.

En Efesios 4:22-24 tenemos la siguiente recomendación: “Desháganse de su vieja naturaleza pecaminosa y de su antigua manera de vivir, que está corrompida por la sensualidad y el engaño. En cambio, dejen que el Espíritu les renueve los pensamientos y las actitudes. Pónganse la nueva naturaleza, creada para ser a la semejanza de Dios, quien es verdaderamente justo y santo”.

Todos los días necesitamos pedirle al Espíritu Santo que nos ayude y nos de la convicción de los pecados que cometemos, para que ese mismo momento nos arrepintamos de nuestro mal proceder y le pidamos perdón a Dios, comprometiéndonos a no volver a hacerlos. Sólo siendo guiados por Él y obedeciéndolo es que podremos agradar a Dios, amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos; ser pacientes y amables, confiar en nuestro Padre Celestial, ser humildes y saber controlar nuestros malos deseos.

Si vivimos pensando en todo lo malo que nuestros cuerpos desean, quedaremos separados de Dios porque sin santidad nadie podrá verlo.

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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Devocional Abril [Recuperado]

 

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