Devocional 21-07-17

Una historia cuenta que un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, quien por su bondad era considerado como un buen amigo por sus alumnos. Mientras caminaban, vieron en el camino un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor:

-“Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre”.

-Mi querido amigo -le dijo el profesor- nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.

El estudiante hizo lo que su maestro le dijo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos.

El hombre pobre, terminó sus tareas y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo. Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar. Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda y de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.

El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas.

-Ahora, dijo el profesor, ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?

-“Usted me ha enseñado una lección que jamás olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir”. Respondió el joven.

La sencilla lección que le dio este maestro a su estudiante no sólo impactó la vida de este joven, sino que ayudó a toda una familia que pasaba necesidad. Con dos monedas, entregadas de forma anónima, la vida del campesino sufrió un gran impacto.

A veces pensamos que para ayudar a alguien debemos tener mucho dinero o simplemente nos pasamos la vida esperando que llegue “la persona correcta” o el “momento oportuno” cuando en realidad, siempre es un buen momento para hacer una buena acción y ayudar a quien vemos en necesidad; inclusive muchas veces la necesidad no es tan evidente pero si disponemos nuestro corazón seremos capaces de cambiar la vida de esa persona, de su familia e inclusive las nuestras.

Y he sido un ejemplo constante de cómo pueden ayudar con trabajo y esfuerzo a los que están en necesidad. Deben recordar las palabras del Señor Jesús:

“Hay más bendición en dar que en recibir”. Hechos 20:35 (NTV)

Antes de buscar motivos para reírte de alguien o de su situación, busca cómo ayudarlo, podría estar pasando por un momento muy sombrío y Dios puede usarte para bendecir esa vida.

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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Julio-2017

 

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