Devocional 14-05-17

“Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años, o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia.” (Romanos 4: 19-22)

Conocemos a Abraham como el padre de la fe, es el primer nombre que nos viene a la mente cuando pensamos en alguien que realmente le creyó a Dios sin dudar. Sin embargo, cuando Abraham recibió la promesa, de que sería padre de multitudes, no le fue tan fácil creer considerando su edad y la esterilidad de su esposa:

“Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?” Génesis 17:17.

Esto al menos nos muestra un Abraham un poco más terrenal, razonando o calculando como lo hacemos nosotros, pero también sobreponiéndose a la duda hasta transformarse en un verdadero campeón de la fe. Cuando Sara se enteró de la promesa también se rió: “Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi Señor ya viejo?” (Génesis 18:12).

Pablo no dice que Abraham creyó “en” Dios, obviamente ya creía en Él, sino que le “creyó a Dios”. Había una actitud constante de creerle, se trataba de una vida de fe, en fidelidad y obediencia. Siempre creía lo que Dios le decía y por lo tanto le obedecía. (Hebreos 11:8-19).

El pasaje citado nos dice que la fe de Abraham le fue contada por justicia. También encontramos casi idéntica expresión en Génesis 15:6, Gálatas 3:6 y Santiago 2:23. En este último caso se agrega un elemento más, que por haberle creído, Abraham fue llamado amigo de Dios. Cuando Dios trataba con Abraham, todavía no existía la ley, ni la circuncisión, pero Dios lo llamó y Abraham obedeció, le dio una promesa y él la creyó. El resultado de esto es que Dios justificó a Abraham porque le creyó.

Sabemos que tenemos preciosas promesas de parte de Dios, pero muchas veces reaccionamos como Abraham o Sara, con una sonrisa de incredulidad, pensando ¿Cómo será posible semejante cosa?, analizamos y evaluamos con nuestras capacidades humanas y parece una locura.

Quizás alguien te dio una palabra y nunca la terminaste de creer, te hablan de sueños grandes y recibes el mensaje como si esto solo fuera aplicable a otros, pero no para ti. Seguramente Abraham también tuvo este tipo de pensamientos, él mismo hizo un análisis de situación que de ninguna manera alimentaba su esperanza de ser padre. Sin embargo no se quedó con la duda ni con el temor, sino que de todo corazón le creyó a Dios, le fue obediente, pudo ver las promesas cumplidas y además por esto Dios se lo contó por justicia.

Por lo tanto, abandonemos las sonrisas de incredulidad, no oigamos las palabras de quienes pretenden venir a desanimarnos diciendo que es imposible, tomemos hoy el ejemplo de Abraham que creyó en esperanza contra esperanza. (Romanos 4:18).

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

Haz clic en la imagen para descargar el devocional
Abril-2017

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Completa la operación para verificar que no eres un robot. *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

× Hablemos por Whatsapp