Devocional 11-09-16

El cuerpo humano es una maquina extraordinaria con múltiples funciones que le permiten acomodarse a varios tipos de cambios alimenticios, climatológicos y hasta ambientales. Puede ser preparada para enfrentar grandes retos físicos y mentales, pero también puede ser destruida si es sometida a un constante maltrato.

El periodo de la niñez y la pubertad es crucial, ya que en este tiempo se llevan adelante los cambios necesarios rumbo a una madurez física. La distribución hormonal permite todos esos cambios, aunque también afecta los estados de ánimo, por lo que cualquiera necesita apoyo para comprender todo lo que está pasando. Aunque en ocasiones, ocurren cosas que parecieran no tiene explicación.

Concretamente se ha visto más de una vez en la que tras un episodio de fiebre, la estatura de un niño puede aumentar ligeramente. Por años se ha tratado de encontrar una respuesta adecuada y tras muchos estudios, la respuesta que tiene más credibilidad sostiene que los sistemas inmunitario y endócrino, al reaccionar ante una infección glandular, pueden temporalmente aumentar la producción de la hormona del crecimiento.

En otras palabras: los niños pueden tener reacciones colaterales a las fiebres ya que su organismo, al defender el cuerpo de alguna fiebre común, puede provocar que crezca en una proporción mucho más acelerada a la normal. En consecuencia: Un niño (no todos), pueden guardar cama por tener fiebre y al recupera la salud, toda su ropa le quede grande porque ha crecido durante ese periodo de cuarentena. Una más de las grandes funciones que tiene nuestro cuerpo.

Quizás lo que pasa físicamente durante la fiebre, es tan solo un reflejo de los que ocurre en el ambiente espiritual cuando enfrentamos un problema o un desafío. No podemos negar que más allá de los resultados de enfrentar cualquier experiencia adversa, todos sufrimos un cambio mientras dure ese proceso.

En ocasiones la adversidad es el yunque contra el cual somos golpeados constantemente para convertirnos de un pedazo de hierro sin forma, a una espada que puede ser usada para ganar batallas.

Piensa un momento. La fiebre hace que un niño no pueda salir a jugar, pero cuando sana, se da cuenta que ha crecido más que el resto de sus amigos. Esa puede ser una metáfora de vida: Quizás te miras a ti mismo como una persona que por ahora pasa adversidades y se tiene que privar de algunas cosas que otros, parece que obtienen sin ningún esfuerzo. Pero no estás mirando el cuadro completo. No te desanimes, sigue adelante tomado de la mano de Dios, guardando sus promesas y procurando fidelidad. Muy pronto verás que superes esas adversidades y sin darte cuenta, creciste más que el resto.

Todo es parte de un plan y si te equivocaste, nunca es tarde para que Dios renueve tu vida.

1 Pedro 1:6-7 “Por esta razón están ustedes llenos de alegría, aun cuando sea necesario que durante un poco de tiempo pasen por muchas pruebas. Porque la fe de ustedes es como el oro: su calidad debe ser probada por medio del fuego. La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir. De manera que la fe de ustedes, al ser así probada, merecerá aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo aparezca.” Versión Dios Habla Hoy

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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Devocional septiembre

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