Devocional 10-09-16

Cuentan que en una numerosa reunión de personas creyentes, se daba una charla acerca de la humildad y el perdón. Como ejemplo se relató la historia del profesor cristiano Sttuard Blackie, de la universidad de Edimburgo, quien estaba examinando a sus estudiantes cuando un joven se levantó para dar su recitación; sostenía el libro en la mano izquierda, por lo que el profesor le dijo:

– Tome el libro con la mano derecha y siéntese, queda usted suspendido de esta asignatura.

Ante esta dura reprensión, el estudiante levantó el brazo derecho, pero, por uno de los accidentes de la naturaleza, no tenía mano derecha, su brazo terminaba en muñón. Los otros estudiantes se agitaron incómodos en sus sillas, censurando al profesor.

Por un momento Blackie vaciló, luego llegó hasta el estudiante, visiblemente conmovido, lo abrazó y, con lágrimas que caían de su rostro, le dijo:

– No lo sabía hijo mío… por favor, perdóname.

Antes de terminar la reunión en la que se compartió esta historia, un hombre salió adelante, se dirigió a la muchedumbre y levantó el brazo derecho, falto de mano, y dijo:

– Yo era este estudiante. El profesor Blackie me condujo a Cristo, por lo que le debo lo más precioso de la vida; pero nunca lo hubiera podido hacer si no hubiera rectificado la reprensión de la que me hizo objeto injustamente. Gracias a Dios que él tuvo suficiente humildad para saber rectificar su error.

En muchas oportunidades actuamos o decimos cosas sin conocer la historia completa, sin tener presente el panorama total de lo que está sucediendo y eso nos lleva a cometer errores como el del profesor Blackie, pero no en todas esas ocasiones respondemos como lo hizo este hombre, reconociendo nuestro error y pidiendo perdón.

Se necesita mucho valor y humildad para ser capaces de arrepentirnos de nuestro error y pedir perdón, pero sin duda alguna, después de rectificar nuestras faltas no sólo aprendemos y crecemos, sino que tenemos paz en el corazón y podríamos estar salvando la vida de la otra persona.

¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría. Santiago 3:13 (NVI)

Las personas nunca olvidan a aquellos que son humildes y que demuestran con su vida que son diferentes. Aquellos que son capaces de vivir lo que predican son los que realmente marcan la diferencia. Recuerda que la soberbia antecede al fracaso y que Dios exalta a los humildes.

Si has ofendido a alguien ve y pídele perdón, podrías transformar su vida.

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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Devocional septiembre

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