Devocional 06-04-18

El avance de la ingeniería automotriz permitió la construcción de motores cada vez más potentes obligando a los fabricantes a mejorar el chasis y la tracción de las ruedas en sus vehículos.

Estos cambios se fueron dando desde los primeros automóviles que salieron en circulación usando sistemas de correas, cadenas o cuerdas para generar movimiento en las llantas. Pero siempre se rompían con facilidad debido a los cambios de velocidad y el desgaste.

Con el tiempo se implementó el uso de engranajes cuya composición básica es la de dos discos dentados: el más grande se llama corona y el otro de menor tamaño es el piñón, el primero genera potencia y el otro transmite las revoluciones. Este último generalmente tiene una larga extensión metálica que está conectada a las llantas traseras.

Este sistema es definitivamente lo más importante en la conexión que hay entre el motor y la transmisión de las ruedas. Pero existe un serio problema. La constante fricción de los engranajes genera calor haciendo que queden completamente secos y expuestos a corrosión. La única solución se reduce al uso de un lubricante apropiado para que corrija su funcionamiento.

Juan 16:13 dice: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” Versión Reina-Valera 1960

Consideremos la siguiente alegoría: Supongamos que Dios es como un motor que mueve todo, Jesús es el engranaje principal (corona) y el otro más pequeño es su iglesia (piñón). Toda esta maquinaria está construida para funcionar a la perfección, pero para que la conexión sea constante y perfecta debe existir la lubricación de un aceite.

En los tiempos del Antiguo Testamento se ungía sólo a reyes y a algunos hombres para que cumplan un propósito aquí en la tierra. Pero hoy en día ya no existe esa exclusividad.

Joel 2:28 dice: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne.” Versión Reina-Valera 1960. El cumplimiento de esa promesa inicia en el momento que los discípulos de Jesús fueron bautizados con lenguas de fuego (Hechos 2). A partir de ese instante hasta el presente el Espíritu Santo de Dios llena los corazones de todos los hombres dándoles convencimiento de la verdad y llevándolos a una autentica relación con Jesús.

Así como la tracción de un automóvil necesita mantenimiento y aceite para su buen funcionamiento, nuestra vida necesita del Espíritu de Dios para que en Él todo funcione como un engranaje perfectamente alineado.

No esperes más y comienza buscar al Espíritu Santo hoy.

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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