Devocional 04-08-17

En el año 794 d.C. en Japón, emergió un grupo de guerreros altamente disciplinados conocidos como soldados Samurái. Ellos eran expertos en el uso de la espada y en el domino de las artes marciales, y aunque al principio no servían a ninguna persona en particular, con el tiempo se convirtieron en la Guardia real del Emperador.

Por aquella época, el país del sol naciente estaba empezando a establecer las bases de su cultura, costumbres, literatura, arquitectura y de todo lo que ahora conocemos de ellos. En este crecimiento paulatino, un hombre se levantó como líder del imperio, pero paralelamente habían algunos clanes poderosos de familias que buscaban quedarse con poder total.

Los clanes más poderosos buscaban guerreros e incluso mercenarios que podían unirse a su causa por una cantidad de dinero, pero entre ellos surgieron algunos hombres que luchaban por algo mucho más importante que el poder o las riquezas. Poco a poco ellos fueron uniendo diferentes técnicas de pelea, tendencias filosóficas orientales y religiosas hasta crear su propio código.

Los Samurái vivían bajo una ley cuyas virtudes principales eran: justicia, coraje, benevolencia, respeto, cortesía, honestidad, sinceridad absoluta, honor y lealtad. Estos hombres pusieron orden al imperio Japonés ya que tenían un alto respeto por la vida y no cualquiera podía enfrentarse a ellos. Hasta el día de hoy los soldados Samuráis son reconocidos por su esplendorosa armadura, por su espada y sobre todo, por su honor. Lamentablemente hoy no se oye hablar mucho de esa cualidad.

Sin embargo, podemos encontrar en 1 Samuel 2:30 dice:

“Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.” Versión Reina-Valera 1960

“¡Honrare a los que me honren!” dice el texto, pero ¿Cómo podemos honrar a Dios? El diccionario define la palabra honor como una cualidad que impulsa a una persona a actuar rectamente, cumpliendo su deber de acuerdo con la moral. Sabemos que nuestra conducta debe estar regulada por lo escrito en la Biblia, entonces podemos decir que honramos a Dios cumpliendo sus leyes y mandamientos.

¿Sabías que cuando un Samurái se deshonraba a sí mismo o a su clan, podía recuperar su honor suicidándose? Desde luego nosotros no haremos esto, aunque sí hubo alguien que tuvo que morir para que nosotros tengamos una nueva oportunidad al cometer una falta o un error. Él es Jesús.

Corónate de honor y cumple los mandamientos escritos en la Biblia aunque nadie lo note. Con seguridad Dios sí te está viendo y está listo para honrarte como paga a haberlo honrado a Él.

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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Julio-2017

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