Devocional 03-04-16

El popular portal de información llamado Wikipedia, define migración como todo desplazamiento de la población (humana o animal) que se produce desde un lugar a otro, llevando consigo un cambio de la residencia habitual en el caso de las personas o del hábitat, en el caso de las especies animales.

Generalmente los animales suelen migrar cuando se presentan dificultades en su ambiente como la falta de comida, un entorno climático desfavorable o complicado para su subsistencia.

Éste fenómeno se presenta no sólo en las aves, sino también en especies que son terrestres y acuáticas, de  esta última se destaca la tortuga verde. Éste animal marino al nacer es más pequeño que la palma de la mano, pero un adulto puede llegar a pesar 300 kg.

Lo increíble es el recorrido que hace para poder migrar. Viaja cerca de 2,600 kilómetros, más o menos, desde las costas de California en los Estados Unidos hasta el litoral de Sydney en Australia.  Estos nadadores intrépidos consideran la necesidad de buscar alimento, un clima adecuado y un entorno seguro para emprender éste viaje tan largo, por lo general siguen su instinto, y siempre llegan a su destino.

No solamente migran los animales y las personas de forma física, sino también puede hacerlo nuestro corazón.

Lucas 15:11-32, narra la parábola del hijo pródigo quien creyó que viviendo a su manera le podría ir mejor. Sin dudarlo se fue de la casa de su padre, llegó a su destino con la parte de herencia que le tocaba, pero la libertina vida que vivió lo llevó a despilfarrarlo todo y con el tiempo solamente halló pobreza, tristeza y soledad.

Muchas veces en el afán de buscar lo mejor por nuestra propia cuenta, nuestro corazón se aleja de la voluntad de Dios y con el tiempo sólo encontramos frustración y pena: al criar a nuestros hijos, administrar nuestro negocio, conducir nuestro ministerio, dirigir nuestro matrimonio, etc.

Quizás uno o más de estos aspectos de tu vida estén en este momento provocándote una profunda frustración por los resultados que estás obteniendo. El problema es el habitad que se ha formado alrededor tuyo al no tener la presencia de Dios en él.

Si algún área de tu vida es motivo de pena, tristeza o constantes fracasos, es el momento de migrar de vuelta a los brazos de Dios.

Las tortugas marinas migran por instinto con la seguridad de encontrar un habitad mejor. El hijo pródigo regresó a los brazos de su Padre con la seguridad de hallar misericordia, con un corazón verdaderamente arrepentido y encontró mucho más de lo que pensó.

Deuteronomio 4:29-31 “Pero si allí buscan al Señor su Dios con todo su corazón y con toda su alma, lo encontrarán… él, que es bondadoso, no los abandonará ni los destruirá, ni se olvidará de la alianza que hizo con los antepasados de ustedes y que juró cumplir.” Versión Dios Habla Hoy (DHH)

¿Tienes una frustración, una pena, cometiste un error, las cosas no te salen como esperabas? No dudes más, emprende tu migración de retorno a los brazos de Dios.

Con seguridad encontrarás mucho más de lo que esperas.

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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Devocional Abril 03 -2016-01

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