Devocional 01-11-2021

Manejo del estrés: ¡No te preocupes!

 “No se preocupen por nada”. Filipenses 4:6 (NTV)

El trabajo no te mantiene despierto en la noche; la preocupación sí.

Dios claramente declara en la Biblia lo que piensa sobre la preocupación. Filipenses 4:6 “No se preocupen por nada” (NTV).

¿Por qué necesitas dejar tu preocupación?

La preocupación es irracional. Aquí hay algunas razones del por qué eso es cierto. Primero, la preocupación exagera el problema. Has notado que, si alguien habla mal de ti, entre más pienses en ello, ¿Se hace más grande? Segundo, preocuparse no funciona. Preocuparse de algo que no puedes cambiar es inútil. Y preocuparse por algo que puedes cambiar es una pérdida de tiempo. ¡Simplemente cámbialo!

La preocupación no es natural. Nadie nace preocupado. Pueden creer que tu sí, pero no. La preocupación es algo que aprendes. Puesto que la preocupación no solo no es natural, sino también poco saludable. Tu cuerpo no fue diseñado para manejar la preocupación. Cuando las personas dicen, “Estoy enfermo de preocupación”, están diciendo la verdad. Los doctores dicen que muchas personas podrían dejar el hospital si tan solo supieran como dejar la culpa, el resentimiento y la preocupación. Proverbios 14:30 “La paz en el corazón da salud al cuerpo” (NTV).

La preocupación no ayuda. La preocupación no puede cambiar el pasado, y con preocuparse no se puede controlar el futuro. Todo es un desorden actualmente. La única cosa que cambia la preocupación es a ti. ¡Te vuelve miserable! Nunca resuelve un problema.

La preocupación es innecesaria. Dios te hizo, te creó, te salvó, y puso su espíritu en ti. ¿No crees que Él cuidará de tus necesidades? No hay necesidad de preocuparse.

El primer paso en el manejo del estrés es rechazar preocuparse de algo. ¿Por qué? Porque es irracional, innatural, inútil e innecesario.

La Biblia dice en 1 Pedro 5:7, “Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque él se interesa por ustedes” (DHH).

Dios personalmente se preocupa por ti y por tus necesidades. Así que todas esas cosas por las que estás estresado, ansioso, y preocupado, déjalas ir. Entrégalas a Dios.

Reflexiona sobre esto:

  • ¿Cómo habla tu preocupación sobre cuanto confías en Dios?
  • ¿De qué estás preocupado justo ahora? ¿Qué puedes hacer para cambiarlo?
  • ¿Cómo puedes prácticamente “poner tus ansiedades” en Dios?

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