Devocional 01-04-18

“No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” Mateo 6:19-21 (NVI).

Esta ilustración que Jesús hizo fue para hacernos entender que los bienes de este mundo son temporales e inciertos, por ello, no debemos darles más valor del que en verdad merecen.

Cuando Jesús habló de tesoros no hizo referencia solamente a cosas materiales de mucho valor económico, como joyas, dinero, automóviles lujosos, etc. Más bien, creo que se refirió a todo aquello que ocupe un lugar excesivamente importante en nuestro corazón y que ha llegado a convertirse en nuestro tesoro personal.

No podemos negar que cuando poseemos un tesoro, buscamos cuidarlo, preservarlo y, si es posible, acumularlo. Pero debemos entender que concentrarnos sólo en las riquezas, hará que nos comportemos de manera muy egoísta, sin ver las necesidades de los demás, podrá hasta quitarnos el tiempo que merecen nuestras familias, amigos, hermanos, padres y le restamos importancia a aquello que realmente importa y lo trasladamos ese valor a nuestro tesoro (éxito, logros, posesiones, posición laboral, social y eclesiástica).

Si hasta el día de hoy has puesto tu esfuerzo, tu tiempo y tu corazón sólo en alcanzar cosas materiales ¡detente! Porque así como le dijo al rico insensato, Jesús te dirá: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?” Lucas 12:20 (NVI)

Las riquezas pueden llegar a convertirse en rivales del Señor. Él nos ama tanto que no quiere compartirnos con nada ni nadie, pero cuando nuestra mente y todas nuestras energías están concentradas en las cosas temporales de este mundo, lastimamos el corazón de nuestro Salvador, quien desea ser el centro de nuestros pensamientos.

Es necesario que hoy recapacitemos sobre dónde hemos puesto nuestro corazón y revisemos nuestra lista de prioridades.

Te invito a que puedas poner tu corazón y cada uno de tus anhelos en Cristo Jesús, permite que Él sea el tesoro de tu vida; no cabe duda de que su riqueza es inagotable, la que puedes compartir con los demás.

Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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