Colombia: ¿Una nación ingenua?

¿Qué buen colombiano no quiere que semillas de paz y prosperidad sean plantadas en nuestra nación, para que las nuevas generaciones experimenten el fruto de una vida muy diferente a la que vivimos en el contexto del país, y que ellos sean hijos de la paz y no hijos de la violencia?

Pensando precisamente en los esfuerzos que se están haciendo por conseguir una paz negociada recordé una pequeña fábula que contiene una gran verdad.

Un escorpión, que deseaba atravesar un río, le dijo a una rana:
-Llévame en tu espalda.
-¡¿Que te lleve en mi espalda?! -contestó la rana-. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! ¡Si te llevo en mi espalda, me picarás y me matarás!
-No seas estúpida -le dijo entonces el escorpión-. ¿No ves que si te pico te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré?
Los dos animales siguieron discutiendo durante un rato, pero el escorpión se mostró tan persuasivo que la rana aceptó cruzar el río con él. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda, de donde él se agarró, y empezaron la travesía.
De repente, llegados a la mitad del gran río, el escorpión picó a la rana. Ésta sintió que el veneno mortal se extendía por su cuerpo y, mientras se ahogaba, y con ella el escorpión, le gritó:
-¡Ves! ¡Te lo había dicho! ¿Pero qué has hecho?
-No puedo evitarlo  -contestó el escorpión antes de desaparecer en las glaucas aguas-. Es mi naturaleza.
(Extraído de Jean-Claude Carrière, “El círculo de los mentirosos. Cuentos filosóficos del mundo entero”)

El escorpión muestra la manera en que los sofismas, entendidos como las razones o los argumentos aparentes con los que se quiere defender o persuadir lo que es falso, actúan en la mentalidad de otros. Si el escorpión quiere que lo traslademos a la otra orilla, la de reincorporarse a la vida civil que acoge la Constitución y la Ley, debe aceptar -aunque sea a regañadientes- que su aguijón debe ser arrancando, extirpado de su ser o de lo contrario es mejor dejarlo en la orilla donde está.  Para hacer cesar las guerras  hay que quebrar el arco y romper la lanza, hay que  quemar con fuego los escudos.

Este escorpión es letal y nunca será inofensivo. Negar su aguijón sencillamente es un engaño del más descarado, pero que funciona con el más ingenuo.
La abundancia de paz empieza con la abundancia de la verdad. Y es aquí precisamente donde este tozudo escorpión se resiste a que le toquen su tan querido aguijón.
Las armas más letales del escorpión son la mentira y el engaño, incluso son más contundentes que su propia naturaleza violenta y asesina. “No hay secuestrados”. “No pagamos una nómina de corrupción”. “No somos dueños de millones de hectáreas”. “No traficamos drogas”. ¿Quién va a creer?

COLOMBIA-ELECTION-SANTOS-PEACEEspero que Colombia no siga siendo tan ingenua como la rana, pues los costos generacionales serán impensables.
De todas maneras, como colombianos, debemos entender que este intransigente escorpión tiene un formidable aguijón y que las negociaciones de paz con un grupo que está diezmado, desesperado y al margen de la ley solo le quitarían una  pequeña parte a esa arma mortal.
En nuestro país son diversos los generadores de violencia, nadie nos puede hacer pensar que solo hay un productor de violencia.
Los grandes interrogantes son: ¿cómo se negociará la paz con los corruptos que son parte de este dardo que nos inyecta el veneno de la violencia?, ¿cómo se negociará con los padres que repiten, en muchos casos, los ciclos de violencia a los cuales fueron expuestos?, ¿cómo se negociará con las pandillas?, ¿cómo se negociará con las bandas de microtráfico?

Definitivamente Colombia no será más una rana inocente y sin malicia, y antes de querer cambiar al escorpión debemos cambiar nosotros para no dejarnos engañar por más sofismas, para luego tratar decididamente la púa maligna de este hábil engañador.

Pastor Alfredo Barrios.

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