Ciencia y Halloween. Otra perspectiva.

Como es conocido, se acerca una fecha donde se conmemora una celebración denominada “noche de brujas” o “Halloween”, que para el común de las personas es motivo de animar o revivir personajes de toda naturaleza, en especial de terror. Sin embargo, detrás de toda esta tradición hay una connotación científica desconocida por muchos y mal interpretada por otros; no es mera casualidad que el 31 de octubre se celebre también el “Día del Químico”, y que esto se relacione con la hechicería y su personaje principal: la bruja.

Este personaje trae a la memoria los alquimistas, aquellos hombres y mujeres que practicaban el arte de la alquimia, cuyos trabajos realizaban en lugares apartados, preferiblemente oscuros y en horarios nocturnos —tal como se ha ilustrado por mucho tiempo con, inclusive, la compañía de murciélagos y telarañas—. Los alquimistas fueron los primeros químicos, que no conocían bien las propiedades de la materia y pensaban que el plomo se podía convertir en oro; más aún, en el plano espiritual, creían que debían transmutar su propia alma antes de hacerlo con los metales, lo que significaba que debían purificarse, prepararse mediante la oración y el ayuno. Es aquí donde todo este conjunto de creencias, conocimientos prácticos y actividades se les atribuyen no solo a los alquimistas, sino también a las “brujas”, que están supuestamente dotadas de ciertas habilidades mágicas, las cuales emplean con diferentes finalidades y con intención positiva o negativa, dependiendo de cada persona.

2cglgqvLa relación de este personaje con la química se hace cada vez más fuerte cuando comparamos sus utensilios como la gran olla, cubierta con una capa de hollín y montada sobre piedras en un rústico fogón de madera, que sería el equivalente a los recipientes que se emplean en la industria química hoy en día. Su diseño es tan específico y apropiado para resistir no solo las altas temperaturas, necesarias en la cocción, sino para homogeneizar los componentes que se depositan dentro de ella. La bruja emplea también un madero, que mueve en rítmicos vaivenes, para mezclar sus pociones, lo que da origen a los agitadores. Finalmente, este proceso llega a su fin, cuando después de varias horas la mezcla líquida hierve y se observan en ella colores muy llamativos, que en la actualidad la ciencia puede interpretar por medio de análisis instrumentales.

La creencia en la brujería es conocida en numerosas culturas desde tiempos muy antiguos, y las interpretaciones del fenómeno varían significativamente de una cultura a otra. En el occidente cristiano se ha relacionado frecuentemente con la creencia en el diablo, especialmente durante la Edad Moderna, momento en el que se desató en Europa una obsesión por la brujería, lo que desembocó en numerosos procesos y ejecuciones, conocido como Caza de Brujas.

Infortunadamente, todas estas prácticas hicieron ver a la química como una ciencia oculta y empleada para el mal. Un ejemplo es como se aislaban muchos compuestos extraídos de las plantas que presentaban potentes efectos alucinógenos, entre las que destacaban la belladona, el beleño, la mandrágora o el estramonio. En particular, el alcaloide extraído de la belladona, llamado hioscina —también conocido como escopolamina o burundanga—permite dominar la mente y producir alucinaciones.

Lo anterior permite concluir que estos principios y procesos aún son aplicados, pero usando técnicas y elementos modernos: el mezclar sustancias, producir vapores, aromas y por medio del calor obtener un producto final.

Hoy este tipo de conversaciones forman parte de la cultura popular y aunque se tienen registros desde la edad media, la trasformación de los elementos, las aleaciones y mezclas de sustancias son parte de nuestra realidad. Esta fecha da un reconocimiento a los químicos. La historia se remonta a la preparación magistral de mezclas y pócimas que, aunque animadamente la vemos representada en un personaje de carcajadas y que se transporta en una escoba, abre un espectro a una tradición ancestral que permite realizar la ciencia enfocada al ofrecimiento entre la mezcla fisicoquímica y espiritual con la firme intención de dominar al más débil, aprovechando el conocimiento de la química y utilizando sus cualidades para hacer pactos y ofrecimientos. Pasan los siglos, la ignorancia nos sigue persiguiendo, y hay quienes dicen que esa es la manera de “hacer ciencia”.

David Gómez Giraldo
Químico.

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