La intimidación no nos detiene

 

El mundo está viviendo un claro ejemplo de intimidación real y latente a causa del COVID-19. Constantemente accedemos a noticias de alerta por el crecimiento significativo de casos positivos y vemos con temor y asombro las estadísticas de ocupación de las unidades de cuidados intensivos que nos llevan a pensar en que el sistema de salud podrá colapsar o ser insuficiente. Sin duda no es una intimidación infundada, no es un miedo falso ni inventado, pero es un claro ejemplo de la necesidad fundamental que tiene el hombre de una fe indisoluble y una madurez espiritual que solo el conocimiento de Dios y de su Palabra nos puede dar.

Las escrituras, en 1 Samuel 16 y 17, narran una gran muestra de intimidación por parte del campeón filisteo Goliat, quien desafía al ejército Israelita. Goliat no solo contaba con una contextura intimidante y 3 metros de altura, sino que constantemente gritaba mofándose de los israelitas: “hoy los desafío a que envíen a un hombre que me enfrente, si me mata, entonces seremos sus esclavos y si yo lo mato, ustedes serán nuestros esclavos”. El rey Saúl y los demás soldados lo escuchaban y quedaban aterrados, profundamente perturbados. Durante 40 días, cada mañana, cada tarde, Goliat los intimidaba sin oposición, hasta que alguien fue levantado, ungido y elegido: David, un pastor, un muchacho valiente, de buen juicio que gozaba de la presencia del Señor. David tenía la certeza de que el Señor ya lo había preparado y entrenado enfrentando osos y leones, su fe era indisoluble, su madurez espiritual mayor a su edad y sabía que derrotaría al filisteo porque nadie puede intimidar a quien se refugia en Dios y su palabra. La batalla es del Señor, por tanto, la clave para que ninguna intimidación te detenga es la respuesta a la siguiente pregunta: ¿quién es tu padre?

En tiempo de pandemia hay un trabajo que jamás se afectará por desempleo ni cuarentena: llevar al Señor y su Palabra a corazones que no se han entregado a Él para que lo vean y que nunca han oído de ella para que la entiendan. La buena noticia no entra en cuarentena, no se aísla; nada, nada la detiene. Servir a Dios, ayudar y edificar a otros es la razón para nosotros los cristianos, de vivir por Él y para Él. Nuestra fe, es una fe en movimiento y no hay Goliat que la pueda intimidar porque por medio de la fe tenemos paz, alegría, esperanza y nada podrá separarnos del amor del Señor: ni la amenaza ni la muerte ni nuestros temores de hoy ni nuestras preocupaciones de mañana, nada en toda la creación podrá jamás separarnos del amor de Dios, que está revelado en Cristo Jesús nuestros Señor. (Ver Romanos 8:38-39)

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