Binóculo: Dos lentes, un enfoque

Foto por Ran Berkovich en Unsplash

Todos los que hemos respondido al llamado de servirle a Dios sin tener posiciones de dedicación completa dentro de la iglesia, debemos desarrollar lo que se ha dado en llamar “Liderazgo bi-vocacional”. Es decir que, aparentemente, nos vemos obligados a desarrollar dos vocaciones distintas:

1) El ministerio o la función eclesial que nos ha sido confiada dentro de nuestra congregación

2) La profesión u oficio que Dios nos ha encomendado en el mundo secular.

La Biblia en Hechos 18:1-3 dice:

Después Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Allí conoció a un judío llamado Aquila, nacido en la región del Ponto, quien estaba recién llegado de Italia junto con su esposa, Priscila. Habían salido de Italia cuando Claudio César deportó de Roma a todos los judíos. Pablo se quedó a vivir y a trabajar con ellos, porque eran fabricantes de carpas al igual que él.

Queda claro que Pablo tenía una ocupación profesional (fabricante de carpas), la cual desarrollaba al tiempo que ejercía uno de los ministerios de evangelización más impresionantes de la historia del cristianismo en el mundo. No aclara la Biblia qué porcentaje del día le dedicaba Pablo a cada una de sus funciones, pero es evidente que su trabajo no interfería en lo absoluto con su ministerio. De hecho, aunque el pasaje habla de que Pablo se quedó “a vivir y a trabajar” con Aquila y Priscila, más adelante (1 Cor. 16:19) la Biblia da cuenta del fruto resultado de esta visita: ¡Una iglesia en su casa!

¿Pudo Pablo equilibrar siempre su vida laboral con la ministerial? ¿Alguna vez el apóstol de Tarso se cuestionó la continuidad de su ministerio ante la inminencia de una entrega de carpas retrasada o una reclamación airada de uno de sus clientes? La Biblia no nos aclara estos puntos, pero es aparente que la vida secular no presentó grandes tropiezos para la fantástica misión acometida.

Ante este testimonio vale la pena preguntarnos si, en realidad, Pablo tenía dos vocaciones distintas o si su carácter obedecía exclusivamente al propósito que Dios había puesto en su corazón y su labor secular era una herramienta adicional para alcanzarlo. La vocación no debería dividirse en dos o más porciones: La única vocación posible debe ser la de alabar, adorar y servir al Señor y todo lo demás, incluyendo los dones y habilidades que Dios nos ha dado, debería estar enfocado en cumplir ese propósito. Dios nos ha asignado un lugar en el mundo para que llevemos el mensaje de salvación que es su hijo Jesucristo y debemos aprovechar todas las herramientas que ha puesto a nuestro alcance pues, además de ricas y variadas, son personalizadas.

Ahora bien, aceptando que la vocación es una sola, todas nuestras acciones deben estar intencionadas a desarrollarla; debemos estar listos y aprovechar las oportunidades que nuestra labor profesional nos da para hacer crecer el reino de Dios. Bendecir explícitamente al equipo de trabajo que está a punto de emprender un proyecto de alto impacto, hacer una oración antes de iniciar la reunión en la que se tomará una decisión importante, usar referencias de la Biblia para ilustrar mejor las alternativas de solución de un problema, son ocasiones para sembrar la buena semilla en nuestro lugar de trabajo.

Hace unos días fuimos citados para participar en el grupo que servirá como punta de lanza para la transformación cultural de la organización para la que trabajo. Es una tarea titánica para una multinacional de ese tamaño y requiere de la participación de todos sus integrantes. La reunión partía de un diagnóstico exhaustivo que incluía el hecho de que, como en casi todas las organizaciones actuales, se hacen muchas cosas, pero se avanza poco y con gran dificultad.

En la sesión de apertura se nos pidió expresar cuáles eran las expectativas con respecto al resultado final y, aprovechando la oportunidad, Dios puso en mi corazón hacer referencia al pasaje bíblico que habla de la visita inesperada que Jesús hace a la familia de Lázaro en Betania y la actitud que toma cada una de sus hermanas, Marta y María, en ese momento. Como es sabido, mientras María decide sentarse a oír las palabras del Maestro, su hermana Marta se ocupa en las labores domésticas. La idea era ilustrar que hay tiempos en los que debemos parar a escuchar y reflexionar antes de continuar haciendo cosas que nos mantengan ocupados.

Mi expectativa era entonces que entendiéramos que para nosotros había llegado el tiempo de ser “más Marías y menos Martas”. El facilitador de la actividad anotó literalmente este mensaje que permaneció expuesto a la vista de los 200 participantes durante todo el evento.

Llevar la buena noticia debe estar incluido en el desarrollo normal de nuestras actividades diarias y no debe requerir los esfuerzos especiales y adicionales que demandaría una vocación dividida. En realidad, servir como instrumentos para el cumplimiento del propósito de Dios debe estar más cercano a la facilidad de usar un binóculo: dos lentes distintos pero un único enfoque.

Bendiciones.

Mauricio Bayona
Ingeniero de Sistemas con Especialización en Administración
Obrero de Cosecha en Centro Cristiano Empresarial Fe en Acción

También te podría gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Completa la operación para verificar que no eres un robot. *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.