1, 2, 3 por Jesús

En una noche oscura y silenciosa, una luz entraba por el filo de mi ventana, una luz delgada y fina que encendía con un destello el fondo de aquella habitación. Allí, en el lugar más lejano en el que podía estar y en el más distante al que había deseado llegar, me encontraba esperando entender la razón de las lágrimas que no dejaban de bajar por mis mejillas, tratando de entender la explicación lógica de lo que estaba sucediendo. Aquel momento que se extendió por horas, en las que ni el susurro más estrepitoso podía detener el fluir de mis sentidos. En aquel cuarto sucedió lo que muchos creerían inexplicable, incluso yo.

Fue en aquel momento donde encontré la verdad de mi vida, donde encontré lo que había estado buscando por años, fue el momento más sublime y eterno, donde no cabía teoría, razón ni pensamiento que lo sustentara.

Fue allí donde dije: “1, 2, 3 por Jesús”. Ese día se terminó el juego, finalmente yo lo había encontrado sin haberlo buscado, simplemente siempre estuvo allí frente a mi, esperando el momento para darle el giro a la historia y ser descubierto.

No entendía si aquella luz que se asomaba en la penumbra había influido en algo, no entendía porqué seguía hablándole a un completo desconocido y no entendía porqué mis ojos no veían lo que mi corazón veía con claridad, en realidad fue un momento de no entender.

Pasaban las horas y mi vida desfilaba frente a mí milimétricamente, Él conocía de mi, más de lo que esperaba, era un espía revelando su investigación detallada, minuciosamente destapó mis secretos aunque de mi boca sólo saliera un llanto prolongado.

A medida que los minutos se colaban en el reloj, aquel misterioso hombre que había encontrado, iba dando pinceladas de color a aquella noche fría y oscura. Un calor sobrenatural se apropió de aquel lugar y un abrazo fraterno rodeó mi espalda dando un respiro a mi sollozo.

sola cuartCerré nuevamente mis ojos y decidí disfrutar de la ligereza que tenía en mi alma, el calor había entrado en cada célula de mi cuerpo, así que tomé fuerza, me puse en pie e incliné mi rostro, allí frente a la nada decidí rendirle mi vida a aquel hombre del juego, a aquel inexplicable hombre que después de varias horas seguía allí conmigo esperando dirigirme de la mano y empezar un juego nuevo.

“1, 2, 3 por Jesús” fue lo único que pude recordar después de varias horas. Fue el final de un nuevo comienzo.

Al siguiente día me encontraba entrando al nuevo juego, con mi cara lavada, espalda erguida y una sonrisa sospechosa ingresé a ese enigmático lugar, con la gran sorpresa que el inexplicable Jesús ya había pagado mi boleta de entrada. Puso direcciones en el mapa, guías profesionales en cada terreno y provisiones suficientes para el largo recorrido. Un radioteléfono con línea directa en caso de emergencia, un set de herramientas equipado para enrutar a los perdidos que no faltan y una buena dosis de amor embotellada con oportunidad de refill.

Así comencé el nuevo juego que parece ser interminable. Lo que comenzó en aquella noche oscura, hoy continúa en una mañana radiante, el nuevo día incrusta en mis venas un vertiginoso fluir de pasión, un recorrido que bombea al corazón el asombroso deseo que otros tantos como yo digan: “1,2,3 por Jesús”.

Y tú… ¿ya lo encontraste?

Lorena Guerrero Domínguez.

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2 Respuestas

  1. Mauricio dice:

    Que bello relato, produces una serie de sensaciones hermosas con esas palaras, que bendición es sentir a Jesus de forma tan intensa y profunda!

  2. Angie Ramírez dice:

    ¡¡¡¡¡Yo también digo 1,2,3 por Jesús!!!!!

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